Un encuentro con Vivian Maier

La primera vez que oí hablar de Vivian Maier fue hace aproximadamente un año y medio, por casualidad: leí algo sobre ella en internet. Con teclear su nombre en cualquier buscador, ya se puede observar lo buena fotógrafa que era, la calidad de las imágenes que creaba y la cantidad de situaciones y hasta de sentimientos que retrataba y podía llegar a capturar con su cámara, bajo el aspecto de escenas callejeras y cotidianas.

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Neoyorkina de nacimiento, no resulta extraño pensar que llevaba las calles consigo, y por tanto dentro de sus carretes. Aunque vivió también en Francia, su obra se concentra básicamente en Nueva York y Chicago, donde trabajaba cuidando niños. Algo que siempre nos llamará la atención de esta artista, es que, a pesar de ser una de las fotógrafas más reconocidas actualmente, su trabajo nunca fue contemplado mientras ella vivía, por la sencilla y simple razón de que ella misma no lo mostró. No fue hasta 2007, un par de años antes de su muerte, cuando se descubrió su obra, también por casualidad, en una subasta. En este artículo que escribí para La Línea de Fuego podéis leer algo más sobre la autora y su historia, si os pica la curiosidad, y si os quedáis con ganas de más, os recomiendo el documental que la narra, Finding Vivian Maier.

Entre las pertenencias de Vivian que encontraron casualmente, se hallaban recortes de periódicos, correspondencia y una cantidad sobrecogedora de carretes: cien mil negativos, treinta mil de los cuales ni siquiera estaban revelados.

Tras la muerte de Vivian, en el 2009, y el descubrimiento de su obra, sus fotografías empezaron a circular por ámbitos culturales, y su talento comenzó a hacerse más visible. Realmente no hace más de seis años desde que su obra se conoce, y actualmente ya ha protagonizado cientos de exposiciones. Entre ellas, la que este verano la Fundación Canal de Madrid ha acogido en su galería, contando con una buena colección de fotografías y vídeos de la artista. Como la vida está llena de casualidades maravillosas, al igual que la historia que envuelve el archivo fotográfico de Vivian Maier, aparecí en Madrid casi sin quererlo, y esto fue lo que vi:

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Al entrar te encuentras con tu reflejo en un espejo que cruza el nombre de la artista y es una clara representación de la foto que corona la exposición. Es una idea que me sorprendió y me gustó mucho, ya que gran parte de la obra de Vivian se basa en el autorretrato. Es una manera de hacerte sentir “más ella”, de identificarte más con su trabajo y con su manera de mirar, de verte reflejada, literalmente, en una imagen.

Supongo que habréis visto cientos de fotos en este espejo y yo, cómo no, me tenía que hacer una.

E inmediatamente estás en una sala repleta de infancia en blanco y negro. La infancia es un tema recurrente en su obra, y es fácil comprender por qué si sabes que pasó cuarenta años de su vida siendo niñera. Su vínculo con la infancia es fuerte, en parte por ese hecho, y en parte quizá por la suya propia, que no debió ser muy fácil: era hija de refugiados judíos, su padre la abandonó, y vivió en varios sitios hasta establecerse en Nueva York y más tarde en Chicago, dedicándose a una de las pocas cosas que se saben a ciencia cierta sobre ella: a cuidar niños y a fotografiarlos por las calles de las ciudades. Algunas de sus fotografías no retratan una infancia inocente, agradable, sino también una infancia callejera, algo agresiva, pero sobre todo real.

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Los retratos de Vivian se caracterizan por su espontaneidad. Incluso cuando se trataban de modelos (normalmente gente de clase trabajadora a la que preguntaba) que posaban específicamente para ella, parece que la escena sea una que se encontró por la calle y capturó en un instante con su cámara. Son de una espontaneidad propia de lo cotidiano, de lo humano y de lo casual.

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Los formalismos también forman parte de la colección que abarca la galería, esta vez tratándose de fotografías menos pretenciosas en cuanto a mensaje o representación, pero con verdadera ambición meramente fotográfica: imágenes que son un retrato del mero acto de fotografiar, sin necesidad de un discurso, sin más, en muchas ocasiones, que la convergencia de un buen encuadre, equilibrio y luz. Imágenes, simplemente, de un momento.

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En sus escenas de calle, podría decirse que todo lo anterior tiene lugar y cabida. Me gusta pensar que son retratos de los formalismos, que son las calles donde confluyen situaciones, personas, anécdotas, cosas de la vida misma, traspasadas directamente a un carrete y aun papel fotográfico. Me parece realmente bello el hecho de que a través de los ojos de una niñera que resultó ser una fotógrafa maravillosa en el anonimato, veamos escenarios de la Nueva York y la Chicago de los años 60 y 70, esa clase de belleza que solo se encuentra en lo simple, y sorprendentemente, ordinario.

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Casi al final de la exposición, en una sala con las paredes de color rosa y un bonito espejo en forma de columna en el medio, no pude evitar sonreír de oreja a oreja al encontrarme con un montón de sus autorretratos. Es casi como mirarla desde el otro lado de un reflejo, de un cristal de algún local neoyorkino, o del espejo de su apartamento. Esa es la Vivian que ella veía, esas imágenes son los escasos testimonios verídicos que tenemos para saber, con total certeza, quién era Vivian Maier. Una mujer introvertida, misteriosa, que no tenía miedo a mirar, a ver, a empaparse de la luz que se cuela por el obturador de una cámara, pero que sentía reparo al  mostrarla. Y, a pesar de todo, ahí está su mirada, su luz y su sombra; en cierto modo, su lugar en el mundo.

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En la última recta de la exposición, hay algunos vídeos y algunas fotografías a color, y cuando menos te das cuenta, ya has vuelto al comienzo de la ruta por la obra de esta fotógrafa. No soy la única a la que esta exposición le ha dejado con ganas de más, aunque no haya sabido precisamente a poco.

Por desgracia, esta misma la retiraron el pasado 16 de agosto. Sé que he escrito sobre ella un poco tarde, pero mejor tarde que nunca, y quería haceros un pequeño recorrido a mi manera por la galería y que, si os habéis quedado sin ir, la vieseis de alguna forma. Pero, ¡buenas noticias! En Barcelona sigue estando una exposición sobre Vivian Maier, In her own hands, hasta 10 de septiembre.

¿Conocíais a Vivian Maier y su historia? ¿Habéis visto alguna de las dos exposiciones que se han organizado este año en España, o alguna otra? ¿Nos recomendamos más fotógrafos y fotógrafas? 

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