¿Qué vemos en «Un perro andaluz»?

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Dirigida por Luis Buñuel en 1929. Escrita por Luis Buñuel y Salvador Dalí. Fotografía por Albert Duverger

Una de las primeras cosas que nos muestran en la carrera (hablo de Bellas Artes) es Un perro andaluz, la famosa película dirigida por Luis Buñuel y que escribió junto con Salvador Dalí. Ya sabemos que estos dos artistas pertenecieron al género del surrealismo, y que esta película de 17 minutos es todo un clásico del cine de ensayo emergente en los años 20, con las vanguardias, aunque Buñuel defendiera el film como antivanguardista. También sabemos que las dos mentes que idearon esta película eran dadas a sumergirse y dejarse llevar para crear sus obras por el mundo que guardaban dentro, el de sus propios sueños, y que precisamente en este caso, la idea surgió así: Buñuel soñó con un ojo que era rajado con una cuchilla, y Dalí soñó que de su mano salían hormigas. Pero, al menos para mí, y creo que para muchas personas que vimos esta película alguna vez, su significado, su intención, su interpretación siempre fue misteriosa y ambigua.

Pues bien, no fue hasta la semana pasada cuando en una clase nos explicaron de qué iba realmente en la película, y yo no vengo a otra cosa que a contároslo. Pero antes, si no la habéis visto, por favor, dadle al play.

La película comienza con una alusión onírica: vemos el sueño que tuvo Buñuel, ahora hecho realidad, hecho ficción.

Y a continuación, empieza lo que podríamos llamar el auténtico argumento: vemos al hombre que va en bicicleta, vestido con traje y con algunos atributos de mujer. Lleva una caja colgada del cuello, cerrada con llave. Se cae de la bicicleta y se mata. Su novia, desde la ventana, lo ve y es sólo entonces cuando siente pena por él, y coloca sobre la cama todos los atributos de mujer que llevaba encima, una especie de metáfora de un velatorio de esa parte del protagonista. Ya vemos un poco por dónde va la cosa, ¿no?

Pero en seguida vemos que el protagonista no está muerto, sino que está observando cómo salen hormigas de su mano, ahora sí vestido solo con traje. Ambos protagonistas miran las hormigas con gesto alarmado, y la imagen de la mano se funde con la imagen de un sobaco de mujer y de un erizo de mar, que representa el coño. Así pues, lo que yo (y sé que no soy la única) había interpretado siempre como un símbolo de putrefacción, de paso del tiempo y de muerte, cobra ahora un sentido  muy diferente: las hormigas representan el deseo sexual, en este caso, la homosexualidad que corroe el interior del protagonista. Acto seguido, vemos cómo un personaje andrógino (aunque más femenino) mueve con un palo la mano arrancada de su ser. Finalmente, es atropellado junto con la mano, y muere.

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Ahora el protagonista, con la feminidad (llamémosla así), muerta, trata de demostrar a su novia que tiene un instinto sexual propio de un hombre hetero, pero ella desconfía y él trata de hacerle ver cómo ha superado los traumas del pasado, que arrastra con fuerza: el piano, los clérigos (cameo de los creadores, por cierto)… Pero de nuevo regresan a la pantalla las hormigas que brotan de su mano, aunque se retuerza y las rehúse.

Allí está de nuevo nuestro protagonista: tumbado en la cama, convaleciente de su resurrección, ataviado con la ropa del principio, con atributos femeninos. Entonces vemos una coctelera que se agita, que se supone que significa que es ahora cuando viene todo el lío: entra en escena una figura que reprende al protagonista, un personaje con cierto aire paternalista que le insta a salir de la cama, le quita los atributos de mujer de su vestimenta y hasta le castiga.

Hay aquí otro de los confusos saltos en el tiempo de esta película, en que todo parece estar tal y como lo dejaron en la escena anterior. Pero ahora las tornas han cambiado: el protagonista con el traje claro le entrega al que va vestido de negro unos libros: las letras, la literatura, la intimidad, con compasión, y hace ademán de marcharse. Pero el otro se gira y, con los libros transformados en pistolas, le dispara hasta que muere.

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Podría decirse que en ese momento muere, de nuevo, la parte homosexual del protagonista, y vemos cómo se aferra por última vez a una figura femenina, que se desvanece. El protagonista, ahora con andares y actitud típicamente varoniles, reconoce el cadáver y se desentiende de él.

Volvemos a ver a la protagonista femenina, que observa la famosa mariposa en cuyo tórax se ve una forma parecida a la de una calavera, que es una especie de augurio de lo que ocurre a continuación: el protagonista regresa. Y lo hace para mostrar con metáforas visuales la fortaleza de ese deseo sexual reprimido, con la boca que desaparece y que después es el vello de la axila de la mujer, deja claro que su parte femenina no se ha ido, sino que regresa una y otra vez.

La chica sale de la habitación y se va con un buen macho que le muestra su viril reloj para que ella no piense que también es homosexual. Por el camino, encuentran objetos y atributos que habían pertenecido a su anterior compañero, e incluso se burlan de ello.

Pero al final, resulta que todos acabamos muertos, tanto si tienes un reloj muy masculino como si te salen hormigas de la mano.

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Pero, ¿de qué va realmente Un perro andaluz? ¿Y por qué ese título?

Se supone que la película trata de Lorca. Los tres, Buñuel, Dalí y Lorca, mantuvieron una relación de amistad algo extraña. Buñuel el típico hombre hetero, Dalí era un onanista empedernido, y de todos es sabido que Lorca era homosexual. Lo que pasara entre ellos es difícil de saber, y aunque Buñuel siempre negó los significados que se le atribuían a sus películas, manteniendo que carecían de un sentido racional, no sería de extrañar que realmente esta película tratara de Federico García Lorca, de su tormentosa homosexualidad, no porque simplemente formara parte de él, sino por cómo los demás la despreciaban e hicieron que incluso él mismo la viera con malos ojos en algunas ocasiones. Se cuenta que el escritor iba a hablar con Buñuel y Dalí para desahogar sus penas tras las disputas que tenía con su padre a causa de su orientación sexual, y que en estas conversaciones, él también se alteraba y gritaba, a lo que los dos artistas respondían «Mírale, ladra como un perro andaluz».

En este caso, sería una película acerca de la homosexualidad, la incomprensión y el rechazo que puede llegar a acarrear. Lo que vemos es un retrato de la homofobia, tanto para con los demás, como, sobre todo, para consigo mismo.

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Realmente, no tengo ni idea de hasta qué punto todo lo que os acabo de contar tiene algo de cierto. Simplemente es lo que me contaron en clase, y seguramente una interpretación más. Esta película solo la entenderán al cien por cien las dos personas que la hicieron, Buñuel y Dalí, pero me resulta curiosa la cantidad de hipótesis, explicaciones e interpretaciones que pueden llegar a formarse sobre este film de diecisiete minutos.

¿Qué interpretáis vosotros cuando veis Un perro andaluz? ¿Estáis de acuerdo con esta interpretación? ¿Qué os parece la película, y todo el misterio que la rodea? ¡Podéis comentarme lo que queráis, por aquí o en mis redes sociales! Siento no daros tampoco una respuesta absoluta, pero espero que os haya resultado al menos interesante.

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