El triunfo de la libertad · La Ribot, Juan Domínguez y Juan Llorante

1/15 obras pluridisciplinarias

Hace unos meses, publiqué en twitter que había estado haciendo un trabajo bastante largo sobre obras pluridisciplinarias, en su mayoría de artistas contemporáneas, y que me gustaría compartir lo que aprendí con vosotres, así que iré publicando poco a poco entradas con cada una de ellas, explicando un poco en qué consisten las obras y por qué a mí me resultan interesantes. Espero que os guste esta pequeña colección.


En teoría, esta obra se presenta como una pieza de teatro. Se ve en una sala de teatro, se habita en una sala de teatro. Pero no es una interpretación teatral cualquiera, puesto que en el escenario no hay atrezo, escenografía, y ni siquiera hay actores, ni más luces que las que aportan las pantallas en las que va saliendo el único componente de esta representación: el texto.

Es un texto que La Ribot, Juan Domínguez y Juan Llorante, estuvieron escribiendo sin saber muy bien a dónde les iba a llevar, hasta que les condujo a esta obra. Escribieron a modo de comunicación entre los tres, abiertos a cualquier camino que les sugiriera el propio proyecto, mediante un texto que habla de ellos mismos, desde ellos mismos, un texto cien por cien subjetivo y suyo, en el que intentan situar cómo se sienten en relación a la realidad contemporánea, en relación al teatro, al que hicieron durante muchos años, al que están haciendo actualmente, y al que les gustaría hacer.

Este texto, les ha permitido a los autores la posibilidad de un distanciamiento para poder establecer un diálogo con la realidad. Hay en él diferentes líneas temporales, diferentes ficciones, y poéticas. La historia que se narra en la pieza teatral trata de los hábitos y las repeticiones que llevamos a cabo en la vida, casi sin darnos cuenta, y de hasta qué punto nuestras propias acciones nos aportan libertad o nos la quitan.

Esta libertad se le es propuesta al espectador, puesto que debe involucrarse y participar activamente durante la obra, utilizando su imaginación, para ponerle imágenes al texto que se les presenta. La responsabilidad que normalmente es del performer, del actor, del artista, en esta ocasión está compartida con el espectador, creando así muchas posibilidades con una misma obra, y situándolo en un nuevo lugar, como co-autor. De esta manera, la relación entre el espectador y el texto se fortalece muchísimo, y se crea un vínculo directo entre ellos.

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De manera muy ágil y sutil, los autores han ido viviendo el proceso de escritura, en el que particularmente me siento muy interesada, investigando, experimentando, buscando maneras de poner las palabras adecuadas.

Supone en cierto modo una ruptura en el ámbito teatral, tanto por el ambiente que crea como por cómo los artistas deciden llenarlo. Nadie sale a escena, ni es necesario, porque ahora existe otra fisicidad: la fisicidad del texto. En ese ambiente oscuro, con la única luz del texto en las pantallas, que son elementos tecnológicos, esos extremos me parecen tremendamente interesantes como mecanismos a través de los que desvirtualizar y virtualizar a la vez el texto, de llevarlo a escena, de convertirlo en otra cosa y evidenciar una vez más que la escritura no tienen por qué ser solo las palabras, incluso aunque aparentemente sean lo único que se muestra. Habla de alguna manera también de los cuerpos, de otra manera de corporalizar la humanidad.

En esa sala, en la que algunos espectadores se cansan, se frustran, no entienden nada, se aburren o pierden el interés e incluso que abandonan, también se muestra el silencio, la concentración, la imaginación, el misterio sutil que inquieta y pone en tensión a los espectadores, que les impacienta y les incomoda, pero que les sumerge también en un estado casi de una suerte de meditación durante el rato que dura la pieza, en el que pasan por una serie de emociones y sensibilidades, sin llegar a experimentar nada físicamente, sólo a través de la comunicación que se establece entre ellos, sus ojos, y un texto en unas pantallas. Al final, aseguran los artistas, cuando la obra termina y la tensión se disipa, en la sala, se puede casi palpar la paz que el público experimenta.

Y me parece muy bonito pensar que en esa paz que experimentan, no entendemos el experimentar sólo como sentir, sino también como probar, ensayar, jugar, moldear, la sugestión como experimento.

Sin título

 

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