¡Feliz Día de las Escritoras! #LeoAutorasOct

La conmemoración de hoy nació de la necesidad y de la injusticia. De la necesidad de combatir la injusticia del olvido y la marginación de las mujeres en la escritura.

No es ningún secreto que a lo largo de la historia, entre todos los lugares de los que se ha tratado de excluirnos, la literatura ha sido también uno de ellos, quedando relegadas de nuevo al papel de musas, femmes fatales, o Lolitas. No es ningún secreto que durante siglos, las mujeres hemos tenido que publicar bajo seudónimos masculinos, primero para tener siquiera la oportunidad de ser leídas, de que nuestros textos salieran de nuestra habitación propia; y después, para “ser tomadas en serio”. De hecho, aún en la actualidad sigue habiendo casos de mujeres que firman sus libros con nombres masculinos para evitar los prejuicios que la crítica infestada de machirulez y caspa ha vinculado a la “literatura femenina”.

Qué rabia me da eso de la literatura femenina. La literatura de y para mujeres. ¿Sabéis la mayor diferencia que yo aprecio en los libros escritos por mujeres? Que no tratan a sus personajes femeninos como meras secundarias, hipersexualizadas, que solo están ahí para auxiliar y reafirmar al característico y bien construido protagonista. Que podemos sentirnos identificadas con infinitas mujeres diferentes, e incluso hombres, porque están escritas y escritos desde otro lugar. Desde un lugar más sano y sobre todo real. Porque las mujeres escribimos sobre mujeres de verdad, con problemas, mentes, actos y circunstancias reales, incluso aunque la novela sea de fantasía. Y no sobre una mujer inventada, la mujer que el hombre desea, y la que en muchas ocasiones nos ha hecho creer que somos.

Para ser sincera, creo que no me he conocido realmente a mí misma hasta que no empecé a leer seriamente a mujeres. Toda la vida leemos a hombres, ellos ocupan todos los lugares, la mayoría de los artículos en los medios, la mayoría de las estanterías de las librerías, casi todo el contenido de autores que nos muestran durante los estudios (sea lo que sea que estudiemos). Y estamos tan acostumbradas que ni nos damos cuenta de que los libros en nuestra propia estantería están gobernados por el género masculino. Pero un día lo ves. Y cuando yo lo vi me sentí infinitamente triste e infinitamente alegre a la vez. Cuando me di cuenta de que mi escritor favorito no era Paul Auster, sino que era Siri Hustvedt, una escritora, me alegré muchísimo de encontrarla, pero me dio rabia que fuera a través de su marido. Y esto por poner un leve ejemplo.

El caso es que me conciencié y empecé a cambiar mis lecturas, a prestar más atención al nombre que figura en la portada, que es también el lugar desde el que el libro se escribe, y no fue hasta entonces que me di cuenta de todo esto y empecé a valorar más el trabajo de las escritoras. Y quien dice escritoras dice artistas, músicas, científicas, cineastas… ya me entendéis. Empecé a valorar el hecho de luchar contracorriente a lo largo de toda la historia y continuar haciéndolo actualmente, y empecé a encontrarme en la lectura de un modo que no había sentido antes.

Y empecé también a valorarme a mí misma como escritora. Porque llevo toda la vida escribiendo, no concibo mi vida sino a través del arte y la escritura y, sin embargo, siempre he sentido mucho reparo en llamarme a mí misma escritora, no creyéndome merecedora de ello, haciendo justo lo que durante siglos nos han enseñado a hacer: infravalorarme. Pero lo cierto es que lo soy, y creo que hoy es un buen día para reivindicar nuestro nombre y nuestro lugar en la literatura. Porque creo sinceramente que la mejor manera de combatir esta injusticia, este olvido, este destierro, es leyendo a autoras y escribiendo. Leyéndonos, apoyándonos y escribiendo sin cesar.

Leamos, apoyémonos y escribamos.

Reconozcámonos.

 

Espero que os haya gustado esta pequeña reflexión y que disfrutéis de muchas lecturas. Me gustaría mucho que en los comentarios compartiéramos libros y/o autoras para poder conocer y conocernos más, ampliar nuestras estanterías y abrir más nuestros ojos.

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